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Pity agarra la pandereta y la sacude: “¿suena, eh?”, dice como si rifara, a través del teléfono, los aparatos de play room que tiene ahí cerca: “La pandereta, el melón con vodka, un celular, los anteojos, los teclados, ah, y una compu que está emitiendo fútbol”.
El futbolero no es él, ataja rápido; más bien desliza como obsesión que casi todo el día se lo pasa pegado a la pantalla mirando el ¡Fashion TV!: “Por esos desfiles de chicas que se ponen lencería, ¿entendés?”.
No larga una risa pesada, acaso no como la de un chabón, sino que entra por el lado de la moda y se queda ensoñando una sofisticadísima línea de tangas: “Pity… profile…” ¿Dónde estás, Pity? “Ando por acá, fugado”.
Las señales las emite desde Córdoba, aunque sabemos que pronto estará pisando, por segunda vez en el mes, escenario mendocino: de hecho, esta noche y mañana volverá a las tablas del Cacano Bar para duplicar un show atípico y – seguro- imperdible.
Viene con tres chicas, eso adelanta una voz cordobesa. Y Pity ahí nomás confirma el rumor: “Me las presentaron acá, hace años, y ahora les propuse que hiciéramos algo juntos, un proyecto paralelo al de la banda de ellas -que se llama Lucila Cueva- y al mío de Intoxicados”.
Vamos entendiendo: la nueva formación que debuta hoy en Cacano lleva el nombre de Inconscientes (como lo prefiere Pity) o de Pity y las Inconscientes (como lo prefiere el marketing). Y la trayectoria de este satélite musical, al parecer, viene así: agitando los rincones del país a puro cover (“de Madonna a los Rollings Stones”), con sonido de alto volumen, descargas de rock zarpado y apertura a “lo que se de”.
Hay que saber, de entrada, que el prontuario de Lucila Cueva trae otro plus: se trata de un power trío de chicas de la Nueva Córdoba, que golpean la escena nacional a pulso de funk rock, tremenda actitud y sensualidad bien asumida.
Hace unos años subieron como banda soporte de La Renga y ganaron, además de un premio revelación, el Rock Cavern Festival, plataforma de despegue que las catapultó a Inglaterra. ¿Sus identidades? Mariana Pellegrino (voz y guitarra); Laura Volando (batería y coros) y Trini Bertero (bajo y coros). Con semejante manga femenino, cabe la duda:
-¿Qué pasa con Intoxicados, Pity?
-Nada, está ahí.
-¿Y qué planes hay con las Lucila Cueva?
-Inconsciente.
-¿Temas nuevos? ¿Tour?
-Inconsciente.
Pity empieza a irse, a responder como máquina. Es obvio que el único futuro que le tienta es el de su cuerpo zambullido en la pileta que tiene al lado. Si hay silencio, habla: “Sí, estamos inconscientes, pero siempre con el piloto automático prendido para no hacer daño a los terceros”.
-Y sí
-Y sí
-¿Pensaste en la vía solista?
-Nooooo, jamás voy a ser un solista, me las ingenio para enroscarme. Ahora, trabajar con chicas, es diferente…
-¿Cómo es?
-No sé, es lo más. Te quedás ahí escuchando cómo se hablan entre ellas… te las quedás mirando, te dan ganas de volverte lesbiana.
Agrega algo, que no llega o no se entiende, pero la señal vuelve cuando estamos lidiando justo con el tema del macho-músico-argentino. ¿Los hay?: “los que hay son todos unos pelotudos”, estampa, “apenas te ponés una calza y ya te están bardeando”.
Tal vez como contraataque ( o no, o porque le gusta y ya) Pity empieza a contarnos que ayer se ha sacado unas fotos con falda. ¿Es el vestuario del show?, sugerimos. Pero eso sería decir mucho, así que se pone en misterioso: “Pity… profile”.
Olvidemos por un segundo las obvias comparaciones con Charly, olvidemos que Pity dijo: “a mí no me van a agarrar como a él, porque corro más rápido”
-¿Cómo te cae el público mendocino?
-Voy a decir que conmigo han sido buenísimos, no tengo quejas. Lo que no me gustó mucho fue la policía.
-¿Por?
-Porque tiene como ese perfil de la directora de escuela, ¿viste la directora?, no la maestra. Se parece más a la policía chilena, tirando a nazi; creo que tiene que entender mejor a la Argentina.
-¿Tenés pesadillas con tu directora?
-No, pero porque nunca dejé que me traumaran.
No hace mucho, cuando Pity hacía una especie de retiro terapéutico inter grabación, le mostró al periodista de una revista famosa que andaba armado, que solía tirar un par de veces, para ahuyentar a los fans trepadores de tapiales.
-¿Todavía andás cargado?
-No, eso era allá, en Buenos Aires, porque el lugar daba. Acá o en Mendoza no hace falta; a los cordobeses, con dos palabras, los dejo neurológicamente disecados.
-¿Y cuando no querés ver a nadie?
-Me tomo mi montón de pastillas.
Pausa, estira el cuerpo, espera a que llegue la cabeza. Insistir: Y cuál es el límite para la salud? “Inconsciente”. Otra vez, insistir: ¿y cuando no, qué hacés? “me voy con mi sobrino o con mi perro”. Rescata eso, la lealtad animal, amoral, sin nada de glamour barato ni de lastre estón.
“Ya escribí Thend”, dice ahora más estimulado, cuando le preguntamos cómo va su novela. Esperábamos hablar de esos escritos de ciencia ficción psicodélica que supuestamente le dicta a un fan. Pero él entiende que su novela son sus discos y explica cómo “El exilio de las especies” cerró la trilogía que había inaugurado con “No es sólo rock’n'roll”, su disco fundamental.
-¿Hay planes de una nueva grabación?
-Sí, un cd de seis temas de Intoxicados. Pero no vamos a decir nada, no vamos a avisar.
-¿A qué músicos irías a ver, Pity?
-Iría a ver, déjame pensar, a Guarango, la banda de Bam Bam Miranga (uno de los músico de La Mona Jiménez) que tiene unos percusionistas del carajo. Y a Funky Torino.
-Sabemos que vas a hacer un pequeño “tour inconsciente” por el Sur. ¿Te gusta más la ruta o encerrarte en un búnker y esconder la llave?
-Encerrarme en mi búnker y tragarme la llave. Mariana Guzzante – mguzzante@losandes.com.ar